Hasta el momento, esta es la ruta que hemos recorrido.

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El viento sigue soplando de sudoeste apelotonando las nubes contra los fiordos occidentales de la isla. Nosotros proseguimos nuestro camino hacia el norte esperando que amaine, aunque parece que va a durar unos cuantos días más…

Las carreteras que voltean los fiordos de Vestfirðir no están asfaltadas, y si lo estuviesen save nadie lo que durarían…

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La fuerza del viento se hace presente durante las tres horas de trayecto que tardamos en llegar a nuestro próximo alojamiento en Korpudalur. Las nubes, al acumularse en lo alto de las montañas, las empapan de tal forma que allá donde mires hay algún hilillo de agua precipitándose hasta el mar. En ocasiones esos hilillos se juntan hasta el punto de crear majestuosas cascadas.

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Ahí es cuando continua la pelea. Mientras el agua, ayudada por la fuerza de gravedad se precipita hacia el abismo se encuentra con una pared producida por el viento, que la devuelve al principio de su caída.

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Conforme vamos bajando a los valles de los fiordos, el viento se calma y por un momento todo recupera su orden.

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Las orillas están repletas de Eiders y Gaviotas picoteando lo que el viento y el agua arrojan a la costa. A parte de algunos Cisnes Cantores, un grupo de Grullas, varias familias de Serretas Medianas con sus pequeñines y algún Tordo alirojo despistado, la estrella del día ha sido sin duda un Zorro Ártico correteando por la costa buscando comida.